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29/12/25 3 MIN

Cerrar el año en tiempos de IA: qué aprendizajes dejan los cambios tecnológicos

Cerrar un año siempre invita a hacer balances. Qué funcionó, qué no, qué quedó a mitad de camino. Pero en los últimos tiempos, ese ejercicio tiene una particularidad: muchas de las transformaciones que atravesaron a las organizaciones no surgieron solo de decisiones internas, sino de un contexto tecnológico que avanzó a una velocidad difícil de anticipar   

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La inteligencia artificial —y, en general, la aceleración tecnológica— no fue simplemente una nueva herramienta incorporada al trabajo cotidiano. En muchos casos, operó como un factor de revisión profunda: de procesos, de roles, de formas de decidir y, sobre todo, de liderar. 

Uno de los primeros aprendizajes que deja este año es que adoptar tecnología no equivale necesariamente a transformarse. Muchas organizaciones incorporaron soluciones de IA, automatización o análisis de datos con la expectativa de mejorar resultados de manera casi inmediata. Sin embargo, rápidamente quedó claro que el impacto real no depende tanto de la herramienta como del contexto en el que se la inserta: la cultura, los procesos existentes y las personas que la usan. 

Otro punto clave fue el cambio en la forma de tomar decisiones. La disponibilidad de información, análisis predictivos y recomendaciones automatizadas amplió el abanico de opciones, pero también expuso una tensión latente: ¿quién decide, la tecnología o las personas? En la práctica, las experiencias más exitosas fueron aquellas que entendieron a la IA como un apoyo, no como un reemplazo del criterio humano. Los datos ayudan, orientan y reducen la incertidumbre, pero no eliminan la necesidad de interpretar, priorizar y asumir responsabilidades. 

En paralelo, el liderazgo también se vio interpelado. La introducción de nuevas tecnologías suele venir acompañada de expectativas de eficiencia, velocidad y control. Sin embargo, este año dejó en evidencia que liderar en entornos atravesados por IA requiere algo más que saber “qué herramienta usar”. Implica comunicar con claridad, acompañar procesos de aprendizaje, tolerar la incertidumbre y gestionar miedos que no siempre se expresan abiertamente: temor a quedar obsoleto, a perder autonomía o a no estar a la altura de los cambios. 

También hubo aprendizajes vinculados al trabajo cotidiano. La promesa de liberar tiempo mediante la automatización convivió, en muchos casos, con la sensación de estar más ocupados que nunca. Esto puso sobre la mesa una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué hacemos con el tiempo que la tecnología nos devuelve? Sin una revisión consciente de prioridades, la eficiencia puede transformarse en una simple acumulación de tareas. 

Mirando hacia atrás, quizá uno de los mayores aprendizajes sea que los cambios tecnológicos no son solo un desafío técnico, sino profundamente humano. Modifican rutinas, redefinen roles y obligan a repensar cómo se construye valor dentro de las organizaciones. La IA no vino a resolverlo todo, pero sí a hacernos preguntas más incómodas y más interesantes. 

Cerrar el año en tiempos de IA no es, entonces, una cuestión de listar herramientas adoptadas o proyectos implementados. Es, más bien, una oportunidad para reflexionar sobre qué aprendimos como organizaciones y como personas: cómo trabajamos, cómo decidimos y cómo lideramos en un contexto donde la tecnología avanza rápido, pero el sentido de ese avance sigue estando en manos humanas. 

 

 

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